Problemas de a dos o sobre los problemas de una pareja


Rara desde el inicio. Rara hasta el final. 
No sabes cuanto quise almorzar contigo hoy.
Tu también pusiste de tu parte trataste por todos lados pero no le diste al clavo. Otra vez así.  Otra vez así.  Caminando sin querer con la persona que me ha puesto así.  Porque si. Porque hay que hacer su trabajo hasta el final. Rara por eso. Rara por irte. Rara por encontrarte. 

No sé que pasa, sabes. Esos sentimientos negativos son como gases nocivos para nuestra alma. La envenan. La alienan. Nos quita lo mejor de nosotros y nos hace creer que eso somos.  Nos acostumbra. Nos desalienta. Nos desenamora. Nos embruja y nos desencanta. 

Tal vez solo hace falta alzar la mirada. Tal vez eso sea todo lo que nos hace falta. Pero por qué empeñarse en seguir pudiendo salir a buscar lo que realmente quisieras encontrar. Que guarda entonces, que misterio esconde, qué hace que nos mantengamos enganchados a lo que no funciona. Por qué andamos con la llanta pinchada. Por qué me acostumbre a andar así. 

Y ya depende de nosotros no. Detenernos a parchear la llanta o  arrastrarla el resto del camino. Lo cierto es que si la vida es tan corta como dicen los más viejitos yo no quiero andar con la llanta pinchada todo el tiempo no quiero arrastrar nada y si se tiene que cambiar la llanta es mejor hacerlo. Quiero sentir como corre una llanta recién inflada y rebotar en ella, hacer piruetas, correr, saltar, ... una que me contenga y me permita deslizarse por entre los baches de la vida. Una que me haga sentir tocar el cielo coriendo a full pero con las llantas rodando sobre la pista. 

No señorita. No quiero una bicicleta para soportarla quiero una para disfrutarla. Me encantaría disfrutarte más de lo que ahora se hacerlo pero no se como hacerlo. Tal vez sea muy cierto. Nuestros lenguajes son muy distintos: no nos entendemos. Apuntamos al mismo tiempo a direcciones diferentes. Entonces nunca le damos al mismo punto ves. O si te señaló un lugar o me preparo para hablarte en un punto en realidad tu has encontrado otro y yo había creído que hablábamos del mismo punto.  Claro por eso discordamos.  Claro, pero eso me ha debilitado, me ha fastidiado mucho. Ya no quiero hablar más del mismo punto ni de otro. Ya es mejor mirarte y admirarte. Pero se resbala la tasa caliente interrumpe mi vislumbramiento.  Hora de entablar una conversación,  de ponernos de acuerdo. Oh no.  No funciona. Otra vez somos tu y yo. Y no quiere funcionar. Esta vez el té ha estado muy caliente. Nos quemamos los dos. 

Cuando estoy a pie recuerdo los lindos momentos que pase con mi bici vieja, que los pase con la llanta pinchada. Recuerdo lo duro que fue pero que pasamos, recuerdo cuando alguna vez estuvo recién inflada. Recuerdo y entonces quiero volver a ella. Pero esta vez no está. La he herido. Y tengo que pedirle perdón.  Pedirle que me deje andar sobre sus montura. 

Claro yo no me doy cuenta. Por que tendría que ir sobre mi bici vieja en vez de otra totalmente nueva. Algo se añora. Que guarda entonces, que misterio esconde, qué hace que nos mantengamos enganchados a lo que no funciona. Ya no sé. Yo qué sé. 

Quiero mi bici vieja parcharla y renovarla. Andar sobre si y que parezca nueva. Que sea la más rápida sobre todas las demás.  Me resulta difícil dejar de mirar lo bien que corremos las otras. A veces pienso. Como seria si yo montará sobre ella o aquella. Me haría menos conflictos. Me haría menos preguntas.  Avanzaría sin testar. 

Lo cierto es que ahora quería estar comprometido como dice mi profesor. Comprometido con mi carrera, con mi ciclo, con mi promedio con la vida, abrazarla. Con lo que hago y con lo que soy. Por eso salir y decir te invito soy cristiano y el enorme impacto que eso tendrá sobre nuestras vidas y sobre al conjunto uni. Abrazarme a mi bici, vieja o nueva pero que funcione, echarme a andar. Querer echar. Querer andar, querer soñar, querer volar, querer correr. 

Sí.  Quizá escriba mucho y haga poco. Me tengo que desacostumbrar o quiza despertar.  La mayor parte del tiempo andamos así son despertar no me doy ciento de los huecos que tiene la llanta de mi bici vieja. 

Aunque demoramos en ponernos de acuerdo tal vez haya algo dentro de ella mio y quizá haya algo dentro mio de ella. Quizá. Pero ya no la quiero malogran más.  Es bien sabido, pues, que si uno avanza con la llanta desinflada empeorar la situación.

Tendré que preguntarle primero si mi bici quiere venir conmigo, si está dispuesta a ponerse de acuerdo conmigo. Me miraste feo recuerdas, estuviste con cólera mucho tiempo. Te enojarse y eso me hizo entristecer.  No te pierdas. Tampoco quiero perderme. Tal vez seas más valiosa para otro ciclista, tal vez estaba buscando algo diferente. Aunque no se bien qué es lo que quiero.

Claro.  A veces también cansa. Eso de estar poniéndote de acuerdo con tu bici para que ambos lleguen a andar es poco efectivo, eficiente. Te cansas.  Te agota. Terminas sobre un colchón con tu bici cansados ambos porque le pusieron mucha energía en ponerse de acuerdo. La vida se les a venido encima y  me ha agarrado desprevenido. He tenido que improvisar.   

Ahora toca preguntarme. Si querré volver con mi antigua bici o no. Ahora habrá que decidir. Los caminos me dirigen a ella y tengo que responderme si son los caminos los que me conducen hacia ella o soy yo mismo que sin querer o más bien queriendo me dirijo hacia allí.  Supongo que por hoy está bien. Que no debo molestar más.  Qué no debo agotar el aire de la llanta pinchada subiendo en ella. Por hoy deberé dejarla allí.  Pasar por su costado pero esta vez no saludar. Por su bien y por el mio. Por el bien de los dos. Quería bastante. Quería arreglarlo por hoy.

Habrá que ser valiente y aprender a ir a pie. 

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