Reporte de un indigente

¿Qué? ¿Quiere hacerme un reporte?

¿Qué? ¿Quiere hacerme un reporte? ¿Soy tan importante como dices? ¿Quizá como una estrella de la farándula…? ¿O qué …? Ah, eso si, somos gente muy especial y me alegro que tus lectores quieran saber sobre nosotros. Bueno, acepto, contestaré a tus preguntas, siempre y cuando no sean tonterías. Te diré todo, toditito sobre mí y mis amigos, pero eso sí, nada diré sobre mi familia, ellos son lo más sagrado que tengo. Te diré cuan maldito fui en mi vida pasada, pero sobre mi mujer y mi hijo solo diré lo que quiera.
Comenzaré diciéndote que mis amigos me llaman Manolo y nada más. Qué ¿Por qué me gusta vivir así? Pues, has de saber que somos la escoria humana como algunos dicen de nosotros y tienen razón, eso somos, escoria ¿No es cierto? Aunque, entiéndelo bien, no es por nuestra culpa: es el proceso. Todo tiene su proceso, mi estimado y, en cada proceso hay deshechos: entonces no me preguntes más como llegué a ser lo que soy porque ni yo mismo lo sé. Fui cayendo gradualmente en un pozo sin que me diera cuenta, y para que lo sepas, en un momento de mi vida estuve arriba, sí, ahora me ves en estas fachas, no me menosprecies, hermanito; soy tambien hijo de Dios. Lo sé porque en un tiempo creí en él y ahora lo dudo ¿Qué eso es contradictorio? A mí que me importa que sea contradictorio, creo en lo que quiero, creo en lo que quiero creer y no en lo que tú o los demás quieren que crea. Y no pienses que estoy loco, la cabeza es lo que mejor me funciona. Camino miles de cuadras por las calles húmedas en invierno, sofocantes en el verano, pero sé dónde voy: esa es la diferencia entre nosotros y los loquitos, esos que andan por ahí sin rumbo fijo cargando bultos de basura por la ciudad creyendo que llevan un tesoro.
Desde aquí, diariamente los veo pasar; van y vienen, cada día más sucios, cada día con más bultos sobre su espalda. Me pregunto, y quiero que tú me ayudes a hallar una respuesta: ¿Cómo  funciona la mente de estos amigos? ¿Estaré yo así algún día? La respuesta correcta no me viene a la cabeza, sólo sé que tengo que seguir viviendo. A veces me comparo a los muchos perros vagos que transitan por acá buscando hueso. De ellos he aprendido a buscar, buscar sin descanso porque el que busca encuentra. Por qué conversar contigo dejando de ir a buscar mi sencillito para mis gastos, pero no son limosnas, ojo, no limosnas sino propinas.
En la esquina de Mexico con Manco Capac, cuando el semáforo cambia a rojo. Aprovecho la oportunidad para limpiarle la luna del parabrisas a los automóviles que se detienen. Algunos me dan unos cuantos centavitos, otros, desgraciadamente la mayoría ni siquiera me permiten tocarles su lindo auto porque tienen asco de mí, a esas personas yo les perdono su infraternidad y nunca dejo de darles las gracias y una sonrisa. Sí, una sonrisa, porque aún me acuerdo sonreír, pero con una sonrisa de felicidad. El día que ya no pueda hacerlo y ría como un tontín seguramente me encontrarás cargando mis paquetes de basura y seré incapaz de contestarte como ahora. Espero que algún día todos aquellos afortunados de la vida, que pasan por aquí en sus automóviles, mirando con desprecio la mugre que nos rodea, aprendan a compartir fraternalmente los beneficios que les da el sistema. Lo poco que gano no creas que es para mi comida. No. La comida me la da doña Clota cuando estoy por acá en La Victoria. Su negocio está por aquí nomas, llendo por México volteando por los Diamantes a una cuadra. Allí está la buena Clota , tengo que estar allí a las 2 de la tarde, calculando que ha terminado de vender sus menús. Los centavos que gano son para la noche; entre todos hacemos una "chanchita" y compramos una botella de pisco "bamba" o "racumín", según lo que hayamos juntado; por lo general, de dos a tres soles.
¡No! No me preguntes por mi amor propio, creo que lo dejé en aquel banco donde trabajé durante cinco años. Desfalqué a mi padre, un empleadito de cuello y corbata, tuvo que afrontar la situación y empeñarse en su trabajo para pagar la deuda y evitar que yo fuera a la cárcel.  Allí acabó mi amor propio. ¿Quieres saber más?  Pues nunca pude volver a mirar de frente a mi padre, y cuando él murió, al poco tiempo perdí por completo la confianza en mí mismo. Si sólo hubiera tenido el coraje de pedirle perdón cuando él aún vivía, las cosas hubieran sido diferentes para mí.
Luego, me hundí en las garras del alcohol, me quedé sin trabajo, sin padre, sin esposa y sin hijos. Sólo tuve como compañeras a la botella y a mi madre; pero como no quise causarle dolor a ella, me vine con la botella a vivir en los parques. Aquí solo me hago daño a mí mismo. Y basta ya de hablar de mí,  hablemos de mis amigos, mis compañeros, sí, señor, ellos son como mi familia. Normalmente habremos como unos quince "perdidos". Conversando todas las noches y días enteros, sobre temas alturados, de actualidad como política y de los políticos que son una basura. Tratamos de permanecer juntos, pero eso a veces es difícil debido a nuestro natural instinto de libertad.
Siempre estamos en la búsqueda de algo, vamos de aquí para allá sin encontrar lo que buscamos.  El día que yo encuentre lo que busco ese día abandonaré este parque y estás calles,  lo he prometido y no me preguntes que es lo que busco porque aún no lo sé, y cuando lo sepa lo gritaré al mundo. 
De todos mis compañeros sólo cinco son mis patas del alma. Con ellos formó un clan. Ellos son: Martín,  quién proviene de una familia muy adinerada. A veces, vienen a buscarlo en lujosos carros pero él no les hace caso.  Recibe algo de plata pero no regresa con ellos.  En una época, su hermano menor se hizo tan amigo nuestro que se quedó con nosotros hasta que su familia lo rescató a los tres meses;  él ya no viene más ni siquiera a ver a su hermano, según parece lo enviaron al extranjero. Sigue Pepe, que es el más inquieto. A veces desaparece semanas enteras pero siempre vuelve;  la última vez regresó con la cara abollada por los guardianes de un parque, lo agarraron en la madrugada, durmiendo y le dieron duro para que no volviera a malograr los lindos ambientes de esa jurisdicción. Sigue Nacho, le decimos así porque se parece al famoso actor de televisión,  mi otro pata es el colorado Chemo, de ascendencia yugoslava, míralo allá esta en ese grupo todo que conversa, aquel de pelo castaño es muy tranquilo, pero últimamente ha estado tomando más de la cuenta. Él es quien anda más limpio de nosotros porque todas las semanas va a casa de sus padres, se muda la ropa y vuelve muy limpiecito y hasta con plata en el bolsillo; es por eso que él no limpia lunas ni pide nada a nadie como muchos de nosotros. Una vez su madre lo convenció para que regresará a la vida normal, pero el solo aguantó un par de semanas con ellos.
Nuestro mayor sufrimiento no lo causa el hambre, ni la sed, ni la soledad de la noche con el cielo y las estrellas. Nuestro sufrimiento lo causan las propias autoridades quienes supuestamente deben velar por el bienestar de los ciudadanos. Mírame la cara, mírame bien la nariz. Está rota. Fue el varado salvaje de un policía que me hizo ahogar en sangre; y aun tengo una costilla sumida que nunca será curada del todo, y tú quieres hablar de nosotros en tu periódico como si fuéramos muy importantes.
Di a todos tus lectores que somos gente que, bajo nuestras aparentes desgracias, somos felices o al menos dejamos de ser los infelices de antes. Vivimos en nuestro mundo, hecho por nosotros mismos, sin horarios, sin leyes y sin las presiones que tú sufres. Por ejemplo: pobre de ti que debes cumplir con los convencionalismos sociales que te oprimen, y tienes que luchar en tu medio como hace cualquier animal en la selva para sobrevivir. Estoy por sobre todas esas cosas, entiéndelo bien. Escribe que no somos animales, que merecemos el respeto de todos porque somos las víctimas del sistema y nos vengamos así: afeando la ciudad con nuestra presencia. Somos el cáncer de la ciudad. Pero no me quejo, nadie se queja, solo queremos que nos dejen vivir tranquilos. Los parques son nuestros.
 Me has hecho hablar mucho y empiezo a cansarme. Me he emocionado más de la cuenta, y debo descansar un rato, pero no te preocupes estoy acostumbrado a todo. Déjame tranquilo ahora, siento que me falta el aire. Hoy no limpiarle lunas hasta mañana; no me faltará un buen pucho de cigarro que mis amigos me den al anochecer. Sólo te pido una vez más que me comprendas, que seas veraz y no distorsiones mis palabras. Escribe tal como te lo estoy contando, que el mundo comprenda cómo es nuestra vida en la calle. Ya es tarde. Ya debe haber comida donde doña Clotita. Debo estar allí antes que me gane el hombre que compra sobras para sus chancho.  Adiós amigo y sé veraz.
                                                                                                                                                               
                                                                                                                                                                            Anónimo.

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